Mientras buena parte del calendario fiscal se percibe como rutinario, el mes de febrero concentra una serie de obligaciones informativas clave que suelen pasar inadvertidas, pero que desempeñan un papel determinante en la estrategia de control de la Agencia Tributaria.
Para los asesores fiscales, febrero no es solo un mes de cumplimiento formal. Es, en la práctica, el primer gran filtro del ejercicio, donde se consolidan los datos que Hacienda utilizará para cruces de información, detección de incoherencias y selección de contribuyentes para futuras comprobaciones.
El modelo 347, declaración anual de operaciones con terceros, vuelve a situarse en el centro del control tributario. Su función no es recaudar, sino contrastar información entre clientes y proveedores, lo que lo convierte en una de las principales fuentes de inicio de requerimientos.
La obligación surge cuando el volumen de operaciones con una misma persona o entidad supera los 3.005,06 euros anuales, debiendo declararse además el detalle trimestral de dichas operaciones.
En la práctica, los errores más habituales no derivan de una mala intención, sino de:
El resultado suele ser el mismo: comunicaciones de inicio de comprobación meses después, cuando el ejercicio ya se da por cerrado.
El mes de febrero también concentra la presentación de los modelos informativos sobre bienes y derechos situados en el extranjero, un ámbito especialmente sensible desde el punto de vista del control fiscal.
El modelo 720 obliga a informar sobre cuentas bancarias, valores e inmuebles fuera de España cuando el conjunto supere los 50.000 euros, mientras que el modelo 721 amplía este control a la tenencia de criptomonedas en el extranjero, bajo los mismos umbrales.
Aunque se trata de declaraciones informativas, la experiencia demuestra que estos modelos suelen actuar como puerta de entrada a comprobaciones patrimoniales, especialmente cuando existen variaciones relevantes o incoherencias con otros datos declarados.
Para las grandes empresas, febrero supone además la presentación de los modelos mensuales correspondientes a enero, entre ellos retenciones, IVA y operaciones intracomunitarias.
Este primer cierre mensual del año tiene una relevancia adicional: fija el punto de partida de la información que se arrastrará durante todo el ejercicio. Un error en este momento no solo afecta al mes declarado, sino que contamina la serie completa de datos que utilizará la Administración para sus análisis.
Desde una perspectiva profesional, febrero no debería abordarse como un simple mes de presentación de modelos, sino como un ejercicio de prevención fiscal. Es el momento idóneo para:
El papel del asesor fiscal resulta clave en esta fase, no solo como gestor de obligaciones formales, sino como primer filtro frente a contingencias futuras.
La experiencia acumulada en los despachos demuestra que muchas inspecciones no nacen en la campaña de Renta o Sociedades, sino en errores aparentemente menores cometidos en modelos informativos presentados en febrero.
Tratar febrero con la atención que merece es, en realidad, una inversión en estabilidad fiscal para el resto del año.