El sistema público de pensiones continúa reforzando sus ingresos, pero lo hace con un impacto creciente sobre empresas y personas trabajadoras. En 2025, las aportaciones vinculadas al Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) aumentaron cerca de un 33 % respecto al año anterior, alcanzando los 4.934 millones de euros, según los datos de ejecución presupuestaria de la Seguridad Social.
Este incremento se produce en un contexto de récord histórico de ingresos por cotizaciones, que superaron los 176.900 millones de euros, impulsados tanto por el aumento del empleo como por la progresiva subida de este recargo adicional en las nóminas.

El Mecanismo de Equidad Intergeneracional se diseñó como una herramienta para reforzar la sostenibilidad del sistema de pensiones, alimentando el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, conocido como la “hucha de las pensiones”.
Su objetivo es anticiparse al impacto que tendrá el envejecimiento de la población en las próximas décadas. Las previsiones apuntan a que el sistema alcanzará su mayor tensión a partir de la próxima década, cuando el número de personas jubiladas podría situarse en torno a los 15 millones.
En este contexto, el MEI actúa como una vía de acumulación de recursos que, en el futuro, permitirá afrontar el incremento del gasto en pensiones.
El incremento de ingresos no es casual. Responde a una subida progresiva del tipo aplicable desde su implantación en 2023. En 2024 ascendió al 0,7 %, en 2025 al 0,8 % y en 2026 ya alcanza el 0,9 %.
La mayor parte de este coste recae sobre las empresas, que soportan aproximadamente tres cuartas partes de la cotización, lo que explica el incremento significativo del esfuerzo empresarial en este ámbito.
La normativa prevé que este porcentaje continúe aumentando de forma gradual hasta alcanzar el 1,2 % en 2029, nivel que se mantendrá previsiblemente hasta 2050.
Desde una perspectiva empresarial, el crecimiento del MEI introduce un elemento adicional de coste en las cotizaciones sociales. Este incremento se suma a otros factores, como la subida del salario mínimo o el aumento de las bases de cotización.
Para los asesores laborales y fiscales, este escenario obliga a tener en cuenta un elemento cada vez más relevante en la planificación de costes laborales. El MEI ya no es una figura residual, sino un componente estructural de las cotizaciones.
Los ingresos acumulados a través del MEI han permitido recuperar parcialmente el Fondo de Reserva. Las estimaciones sitúan su volumen en torno a los 14.000 millones de euros en 2025, una cifra que mejora los niveles de ejercicios anteriores.
Sin embargo, este importe sigue siendo insuficiente en términos relativos, ya que apenas cubriría el gasto en pensiones de un mes.
Además, el sistema continúa en déficit, situado en torno al 0,4 % del PIB, lo que evidencia que, pese al aumento de ingresos, el equilibrio financiero sigue dependiendo en gran medida de las transferencias del Estado, que en 2025 alcanzaron cerca de 48.000 millones de euros.
El diseño del MEI incluye una cláusula de ajuste. Si la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal detecta desviaciones en el gasto en pensiones, el Gobierno podría verse obligado a adoptar nuevas medidas, incluyendo incrementos adicionales en la cotización.
Este elemento introduce un factor de incertidumbre para empresas y profesionales, que deberán seguir de cerca la evolución del sistema y sus posibles ajustes.
El incremento del MEI refleja la estrategia del sistema de pensiones: anticipar el aumento del gasto mediante mayores ingresos presentes.
Para las empresas, supone asumir un mayor esfuerzo contributivo. Para el sistema, representa una herramienta para reforzar su sostenibilidad futura.
La clave estará en encontrar el equilibrio. Porque, en el actual contexto, la sostenibilidad de las pensiones no solo se construye con más ingresos, sino también con el impacto que estos generan en el tejido empresarial.